lunes, 25 de enero de 2016

Los límites de la ciencia


Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.
Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.
Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (MilenioCambioLos universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica,Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario(puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Definimos las cosas por sus límites. En el caso de la ciencia, son también los límites los que, al ampliarse, marcan su avance y desarrollo.
¿Cuáles son los límites de la ciencia? Podríamos dividirlos en tres clases: los límites de lo desconocido, los de lo incognoscible y los de lo impertinente.
Lo desconocido: existen cuestiones, preguntas, misterios que la ciencia todavía no ha penetrado, pero que (confiamos) llegarán a ser resueltos tarde o temprano, conforme la investigación científica, siempre de la mano del imparable desarrollo tecnológico, vaya ampliando su avance.
En este terreno de lo (todavía) desconocido se encuentran cuestiones como, por ejemplo, la posibilidad de vida en otros planetas, las causas de la acelerada expansión del universo o la explicación del efecto placebo, gracias al cual algunos enfermos se curan sólo con recibir pastillas de azúcar. Los científicos están trabajando en ello, y al parecer no existe nada que les impida encontrar, a su debido tiempo, las respuestas.
Un segundo límite es del de lo incognoscible: las cosas que sabemos que nunca podremos saber. Preguntas como qué hubo antes del Big bang, o si existen otros universos paralelos al nuestro van más allá de los poderes del método científico, pues —al parecer— no existe posibilidad de obtener información al respecto. Cierto, los cosmólogos pueden, extrapolando a partir de sus teorías, intentar construir respuestas plausibles, pero comprobarlas resulta imposible. No es que la respuesta no exista, sino que la forma en que está hecho nuestro universo no nos permite explorar para encontrarla.
Finalmente, nos topamos con el límite de lo impertinente: las cuestiones en las que el método científico resulta inadecuado, fuera de lugar. Van desde las muy profundas (¿existe un dios —o diosa— creador del universo? ¿cuál es el sentido de la vida humana?) hasta las muy terrenales y cotidianas (¿cómo resolver problemas políticos, amorosos, éticos..?). En todos estos casos, la ciencia no sólo no tiene nada que decir; debe permanecer al margen del debate.
Ante estos límites, una buena comprensión de lo que es la ciencia nos obliga a tener paciencia para llegar a conocer lo que todavía no conocemos, y humildad para aceptar que hay respuestas que nunca podremos conocer. Pero también a ser lo suficientemente inteligentes para reconocer que hay preguntas que tendremos que responder, sólo que sin su ayuda.’
Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mxa

Martín Bonfil Olivera
Divulgación científica - Mg Juan Veliz Flores

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