lunes, 25 de enero de 2016

Los avances de la "genómica", la ciencia que superó a la genética y que permite predecir al ser humano


Los avances de la




Los científicos predicen - a esta altura con total certeza- que en el futuro la genómica hará disponer de una gran generación de datos y de análisis, lo cual produce la necesidad de generar los instrumentos computacionales específicos. Ése es el área de Meyer, que trabaja en el Centro de Biología Computacional de la multinacional IBM como bioinformático. “La biología se está convirtiendo en una ciencia de la información”, asegura.



En algunos años más, una muestra de saliva podría bastar para que una aseguradora (o una Isapre) decida aceptar o no a un potencial  cliente. Esto gracias a la genómica, una evolución de la genética que se dedica a estudiar el funcionamiento, el contenido, la evolución y el origen de los genomas que componen el ADN de cualquier ser vivo, incluido los animales.
De estas cosas, entre otros, hablará el científico mexicano Pablo Meyer (Francia, 1977) en el Congreso del Futuro, un evento de difusión científica que se realizará del 19 al 24 de enero en el Santiago con presencia de 100 pensadores de talla mundial, incluidos varios Premios Nobel.
Meyer estará el sábado 23 en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional en el panel que hablará del tema “Prolongación de la vida”, entre las 11:30 y 13:15, acompañados de los biólogos Raju Kucherlapati (India) y Qi Zhou (China).
Vendrá a explicar qué es la genómica, “una ciencia muy nueva que frente a la genética”, que compara con la mecánica clásica de Isaac Newton y la relativista de Alberto Einstein, “un intento de explicación más detallado de las leyes de la herencia, cómo funcionan y se aplican en las diferentes partes del cuerpo”.
genomica 1

ADN barato

Hagamos memoria. La primera vez que se secuenció el ADN humano, hace 15 años, el costo fue de 3.000 millones de dólares. Hoy cuesta apenas 700.000 pesos.
“Ha habido grandes avances tecnológicos, en los próximos años probablemente habrá cientos de millones de secuenciaciones y de estudios externos para entender las variables externas que pueden influenciar las enfermedades”, señala Meyer.
Por eso estima que habrá una gran generación de datos y de análisis, lo cual genera la necesidad de generar los instrumentos computacionales específicos. Ése es el área de Meyer, que trabaja en el Centro de Biología Computacional de la multinacional IBM como bioinformático. “La biología se está convirtiendo en una ciencia de la información”, asegura.

Explosión de conocimiento

Como muchos otros, este científico ha podido usufructuar de la “explosión del conocimiento biológico” reciente, que se dio especialmente con el surgimiento de la biología molecular en los años 50: en 1953, en Cambridge, los científicos James D. Watson y Francis Crick resolvieron la estructura del ADN.
“La biología en los últimos treinta años creo que dejó de ser una ciencia descriptiva, más aristotélica, donde se clasificaban animales, comportamientos, para convertirse en una ciencia más galileana, para predecir, entender, generar datos”, dice este científico que estudió Física en la UNAM y se doctoró en Biología en la Universidad de Rockefeller (EEUU).
Bioinformático, Pablo Meyer
Bioinformático, Pablo Meyer
Un ejemplo es la biología molecular, vinculada al genoma humano, que permite entender cómo “se genera un ser vivo de manera tan repetitiva, tan precisa, y al mismo tiempo tan variable, con muchas opciones de cambiar”.
“En nuestro ADN está la codificación de muchas cosas. De alguna forma el ADN es la arcilla con la que formas una escultura. Pero de alguna manera esa escultura también cambia con la experiencia propia, con la historia, con manera en que te desarrollaste. Una arcilla tiene propiedades específicas, no puedes hacer cualquier cosa con ella”, explica.
“Una casa hecha con piedras y ladrillos tiene ciertos tipos de limitaciones, pero en el uso de la misma hay cierta flexibilidad”, prosigue. “Si vas a ser un científico, un jugador de ajedrez o un comunicador hay cierta base, cierta habilidad, pero luego hay mucho que tiene que ver con el trabajo y el desarrollo propio”.
En el caso de las enfermedades, la biología genética permite cierta “medicina especializada”, es decir, tratar a cada paciente según su ADN, desactivando por ejemplo genes que facilitan la aparición de un cáncer, pero también cambiando la enfermedad en sí.

Más cerca de la gente

Todo esto se puede leer en el libro de Meyer, Genómica. El acertijo de lo humano (Alfaguara), que publicó el año pasado con gran éxito.
“Yo quería escribir un libro que respete mucho el mensaje científico, pero al mismo tiempo sea lo más interesante posible para el público”. Por eso el libro empieza con un cuento de ficción de cómo podría ser el futuro, donde podría ocurrir algo como la anécdota con la que comienza esta nota.
En el libro Meyer también quiso contar las “historias humanas” que había detrás de cada descubrimiento científico, “las relaciones humanas, los egos, las peleas, etc.”, partiendo por Watson y Crick. Historias a veces tan insólitas que algunos lectores le han consultado si realmente ocurrieron.
Con el texto, Meyer –a lo mejor sin saberlo- ayuda a reducir la brecha entre los científicos y la gente común, que en general desconoce la labor de los científicos.
“Cuando llegas a cierto nivel de conocimiento muy específico, es difícil comunicarlos técnicamente, porque el lenguaje de la ciencia es muy diferente”, admite. A esto se suma la necesidad de tener buenos profesores a la hora de enseñar ciencia, cuya ausencia genera desinterés e incomprensión entre los mortales.
Agrega que los científicos también deben hacer un esfuerzo por comunicar más su trabajo. “Muchas veces a los científicos sólo les interesa la ciencia y lo demás parece una banalidad”, admite. “Nosotros tenemos el conocimiento y estamos cambiando la sociedad con los cambios tecnológicos con un impacto diario, con los teléfonos, los autos, los camiones. Creo que los científicos lo están intentando, dentro de lo posible”.
“Las historias se pueden contar y se pueden hacer interesantes, como puede ser interesante una novela o un libro de historia”, concluye.

El impacto de las especies invasoras en la biodiversidad acuática

El impacto de las especies invasoras en la biodiversidad acuática
Allá por 1973, un crustáceo típico de las marismas de Louisiana, el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), descubrió las aguas de Badajoz y de la cuenca baja del Guadalquivir. En un principio, los responsables de nuestro medio natural ‒los gestores del ICONA‒ respaldaron su presencia, dado que en esos territorios podía ser una fuente de riqueza y no competía con el cangrejo de río ibérico.
Ya sabemos cómo aquella población, en apariencia inocua, fue saltando a otras cuencas. A estas alturas, poco importa si procedían de alguna instalación de acuicultura o eran crustáceos criados en libertad: el hecho es que fueron los propios pescadores de cangrejos quienes liberaron a nuevos individuos aquí y allá.
Los efectos de dicha invasión no tardaron en hacerse evidentes, y de hecho, han constituido una verdadera tragedia para numerosas especies acuáticas en toda la Península Ibérica.
El cangrejo americano, omnívoro y oportunista, fue llevado a todas las cuencas, y con el vigor de un ejército, conquistó nuevos territorios, aniquilando a sus competidores. La primera víctima, evidentemente, fue nuestro cangrejo autóctono (Austropotamobius pallipes), arrinconado hasta el borde de la extinción por la agresividad y la acelerada proliferación del recién llegado. Además, como si la suya fuera una guerra biológica, este usurpador porta un hongo, el Aphanomyces astaci, que origina la llamada peste del cangrejo, a la que él mismo es resistente.
En la actualidad, la presencia del cangrejo americano en nuestras aguas es un problema ambiental muy grave. No sólo devora las puestas de especies protegidas de anfibios: también desequilibra de forma dramática el ecosistema. Por si ello no bastara, es muy dañino en cultivos como el arroz, mina las acequias e incluso se le considera transmisor de la tularemia.
En aguas donde su primo ibérico ya ha desaparecido, se procedió a la introducción de otra especie americana, el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus).
Para combatir al crustáceo americano se han empleado todo tipo de recursos, incluida la liberación de galápagos europeos o de distintas aves que son potenciales depredadores de ese letal conquistador. Desgraciadamente, los estragos que ya ha causado no son reversibles, y en su beneficio ‒entiéndase de forma relativa‒ solo podemos citar dos datos: se ha generado una cierta actividad comercial con su captura y algunas especies, como la cigüeña blanca, han encontrado gracias a él una generosa fuente alimenticia. Como ven, se trata de un pobre consuelo.
Imagen superior: Perca sol (Lepomis gibbosus) (Autor: Cephas, CC)
"Las pruebas de la capacidad de la humanidad para perturbar los ecosistemas ‒dice el científico y naturalista Tim Flannery‒ se remontan casi al momento en que nuestra especie abandonó su patria africana ancestral. Hemos ido devorando un recurso tras otro a medida que nos extendíamos por el planeta, y únicamente tras una larga experiencia en un mismo lugar hemos adquirido la sabiduría de gestionar la tierra".
Esa sabiduría de la que habla Flannery, no obstante, se ve desmentida puntualmente por actividades tan irresponsables como la de aquellos pescadores que introdujeron al cangrejo americano en nuestras aguas.
Hoy sabemos, por la fuerza de los hechos, que las invasiones biológicas son una seria amenaza para la biodiversidad. Dicho de otro modo, allí donde penetra un invasor, se origina una cadena de desajustes, de forma que suele desaparecer más de una especie y se reduce de forma impactante la riqueza biológica.
Disponemos de análisis muy pormenorizados de este drama. En 2015, un estudio efectuado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), apareció en las páginas de la revista Global Change Biology (Gallardo, B., M. Clavero, M. I. Sanchez y M. Vilà. “Global ecological impacts of invasive species in aquatic ecosystems”. Global Change Biology. DOI: 10.1111/gcb.13004)
Dicho estudio refleja el daño causado por animales foráneos, como el mencionado cangrejo americano, el lucio europeo (Esox lucius) ‒bien conocido por su voracidad‒ y el perca sol (Lepomis gibbosus) ‒un depredador muy eficaz, letal para los alevines de otras especies‒. Se suma a ese trío el el mejillón cebra (Dreissena polymorpha), cuyas poblaciones alteran la composición de las aguas, acabando con el fitopláncton y las algas de los que otros seres se alimentan, y de paso, causando importantes problemas en las instalaciones hidráulicas al obstruir las turbinas y tuberías.
Por desgracia, estos argumentos, de puro sentido común, son ocasionalmente rechazados por quienes limitan su punto de vista al interés particular. Es el caso de los pescadores deportivos ‒no todos, claro está‒ que defienden la proliferación del black-bass (Micropterus salmoides), un pez de agua dulce originario de America del Norte, incluido en el catálogo de especies invasoras (Real Decreto 1628/2011) pero defendido por quienes disfrutan capturándolo, a pesar de sus efectos en el ecosistema.
Imagen superior: Black bass (Micropterus salmoides) (Autor: Jonathunder, CC)
Tras la presión de comunidades autónomas y de colectivos de pescadores, el Consejo de Ministros suspendió el citado catálogo el 24 de febrero de 2012. "Por si fuera poco ‒escribe Silvia R. Pontevedra‒, justo un mes después se pronunció el Tribunal Supremo, dictando dos autos en respuesta a sendos recursos contencioso-administrativos que habían presentado contra el catálogo la Asociación Española de Black-Bass y la Federación Española de Pesca. El 27 de junio apareció publicado en el BOE el último de estos autos. Sin hacer planteamiento alguno, sin exposición de motivos, el Supremo zanjaba la batalla en pro de la perca americana suspendiendo la vigencia del real decreto en la parte que atañía al black-bass. Los jueces salvaron la especie invasora (que no “potencialmente invasora”), a pesar de que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la señala como una de las 100 alóctonas más dañinas del planeta. Pero es que la perca negra americana es un gran negocio. En Aragón mueve tanto dinero como el esquí. Igual que había sucedido con otras especies exóticas, el Servicio Forestal del Estado, en los años de mayor gloria hidráulica de Franco, emprendió campañas de suelta de black-bass para dar vida a los embalses que mataban ríos y pueblos. Los poderosos y rebeldes peces venían para convertirse en una alternativa económica para estas zonas castigadas" ("El Supremo salva al pez invasor", El País, 17 de julio de 2012).
El lucio, el black-bass, el misgurno, el alburno, el pez momia, el siluro, la lucioperca... todos ellos son invasores en compiten con las especies autóctonas. Por su capacidad adaptativa y su voracidad ‒algunos de ellos pueden devorar pollos de anátidas y zampullines‒, estos animales comprometen muy seriamente el equilibrio natural de nuestras aguas. Obviamente, no todas estas especies exóticas generan las mismas repercusiones, pero atengámonos a un criterio general: ninguna de ellas ha sido beneficiosa para los ecosistemas que ahora ocupan.
El daño que puede generar un depredador foráneo, sobre todo cuando alcanza grandes proporciones y se convierte en una pieza codiciada, solo se ve compensado ‒digo esto desde la ironía‒ por el placer puntual de quienes disfrutan con su captura.
Es, pues, el ser humano el que ha transportado a estas especies y el que, demasiadas veces, las libera saltándose a la torera esa legislación que en España prohíbe la suelta de especies exóticas. Ello nos debe llevar a la reflexión antes de tomarnos a la ligera la presencia de esas criaturas que un día conquistaron de forma dramática nuestros ríos y embalses.
Copyright © Mario Vega Pérez. Reservados todos los derechos.
Mg. Juan Veliz Flores

Don Congdon y las paradojas de la memoria


  • disminuir el tamaño de la fuente

  
 
Don Congdon y las paradojas de la memoriaImagen superior: Don Congdon (1918-2009), agente literiario, amigo y confidente de Ray Bradbury, William Styron, Jack Finney, Charles Williams y Evan S. Connell.
Esta semana me ha pasado algo muy desconcertante: sucedió al tomar prestado un libro de la biblioteca de un amigo, la añeja edición Orbis de Fahrenheit 451. Al sentarme a leer la novela, ojeé el nombre del tipo al que Bradbury dedica su obra en 1953 y entonces pensé: "Yo le conozco".
El vértigo me invadió. Pero sí, era cierto. No es que supiera quién era ese hombre: es que le conocí en persona.
Dedicatoria a Congdon
Se llamaba Don Congdon y era un venerable anciano de casi 80 años, la mañana de 1997 que le visité en su despacho de Nueva York: se trataba del único vínculo rastreable que había en torno a mi escritor favorito, Charles Williams, cuya tumba ese verano traté de encontrar para presentarle mis respetos, debido a lo mucho que me había impresionado en la infancia su novela El arrecife del escorpión.
donelarrecife
Yo era, soy, una persona de pasiones irracionales y obsesiones compulsivas. Alguien me comentó por aquella época que Congdon había sido agente literario de Williams. Luego resultó que también fue uno de sus mejores amigos.
Don Congdon me recibió y habló durante una hora y media de Charles Williams, quien por entonces ya llevaba más de veinte años suicidado. El no del todo jubilado agente me trató con una extrema amabilidad, reforzada por la agradable sorpresa que le daba descubrir a un loco español de 25 años interesado por la vida y obra de un autor, su gran amigo que, después de vender millones de novelas en los 50, en los 90 ya no interesaba a casi nadie. Sí, recuerdo que me mencionó que también había sido agente de Bradbury.
doncarta
Imagen superior: la primera carta que Congdon remitió a Ray Bradbury, quien por aquel entonces utilizaba seudónimo.
Luego, Congdon me puso en contacto con la hija de Williams y facilitó que pudiera escribir el único libro existente en torno a este autor, incluyendo cien páginas de cartas que Williams remitió a lo largo de casi tres décadas a su representante y que traduje con paciencia de idólatra. Pero ésa ya es otra historia.
Lo que me inquieta y no me deja tranquilo, como si se me escapara alguna clave del sentido de mi sino, es esa inconsistencia de la realidad aparente: cómo la vida se las arregla para que en el año 2015, de sopetón, yo, entendiendo ese "yo" como un ente venido de otro universo ajeno a las letras, sin antecedentes familiares relacionados con el mundo literario, ni con la élite económica, ni cultural ni pública, abra un clásico escrito por Ray Bradbury más de sesenta años atrás y me quede absorto mirando un nombre mecanografiado en una de sus primeras páginas, y mi cerebro reconozca el orden y forma de esas letras impresas que un desconocido tecleó en castellano sobre una vieja máquina de escribir, y logre evocar a quién hacen referencia esos símbolos, y en efecto piense: "Yo conozco a este tipo."
¿Qué plan oculto ha designado que yo tuviera que conocerle? ¿Qué extraña pauta inasible ha querido que me tope con su recuerdo, su vestigio apresado por diez desleídas letras mayúsculas en un desgastado papel, dieciocho años después?
Copyright del artículo © Hernán Migoya. Reservados todos los derechos.
Hernán Migoya

Hernán Migoya (Ponferrada, 1971) es escritor, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español.
Tras su sonado debut literario hace diez años con Todas putas, escribió la novela a todo color Observamos cómo cae Octavio, muy bien acogida por la crítica; Quítame tus sucias manos de encima, trepidante aventura inspirada en sus años vividos en el Perú; Una, grande y zombi, hilarante y terrorífica visión de la crisis española; y su segundo libro de cuentos satíricos, Putas es poco.
Como guionista de cómics, es autor de más de una veintena de álbumes y novelas gráficas de éxito. Entre otros, ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Es el único guionista español que ha publicado en las míticas revistas estadounidenses Heavy Metal Mome. También ha sido director de la legendaria revista El Víbora.
Sus últimos títulos populares son Plagio, crónica exhaustiva sobre el secuestro real de tres días que padeció su pareja, y que ha sido también publicado recientemente en Francia y Alemania; y la ambiciosa serie mensual Nuevas Hazañas Bélicas, actualización de los míticos tebeos de guerra en la que se ocupa de todos los guiones, realizada con los mejores dibujantes españoles del momento.
Como periodista, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como El MundoRock de LuxPrimera Línea, etc. También ha protagonizado hitos mediáticos: en 2010 se hizo pasar por enviado especial de TVE para un programa humorístico de la TV peruana, logrando entrevistar a muchas de las personalidades públicas de aquel país, incluido su actual presidente del Gobierno, Ollanta Humala, el rockero Pedro Suárez Vertiz Keiko Fujimori, hija del célebre dictador.
Como director de cine, ha dirigido el filme ¡Soy un pelele!, y fue el primer profesional del sector en atreverse a denunciar públicamente las estafas cometidas por algunos productores al falible sistema de subvenciones del Ministerio de Cultura.
Vive autoexiliado en Perú.
Copyright de la imagen © David Campos. Reservados todos los derechos. 
Sitio Web: hernanmigoya.com/

Social Profiles




Los límites de la ciencia


Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.
Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.
Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (MilenioCambioLos universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica,Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario(puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Definimos las cosas por sus límites. En el caso de la ciencia, son también los límites los que, al ampliarse, marcan su avance y desarrollo.
¿Cuáles son los límites de la ciencia? Podríamos dividirlos en tres clases: los límites de lo desconocido, los de lo incognoscible y los de lo impertinente.
Lo desconocido: existen cuestiones, preguntas, misterios que la ciencia todavía no ha penetrado, pero que (confiamos) llegarán a ser resueltos tarde o temprano, conforme la investigación científica, siempre de la mano del imparable desarrollo tecnológico, vaya ampliando su avance.
En este terreno de lo (todavía) desconocido se encuentran cuestiones como, por ejemplo, la posibilidad de vida en otros planetas, las causas de la acelerada expansión del universo o la explicación del efecto placebo, gracias al cual algunos enfermos se curan sólo con recibir pastillas de azúcar. Los científicos están trabajando en ello, y al parecer no existe nada que les impida encontrar, a su debido tiempo, las respuestas.
Un segundo límite es del de lo incognoscible: las cosas que sabemos que nunca podremos saber. Preguntas como qué hubo antes del Big bang, o si existen otros universos paralelos al nuestro van más allá de los poderes del método científico, pues —al parecer— no existe posibilidad de obtener información al respecto. Cierto, los cosmólogos pueden, extrapolando a partir de sus teorías, intentar construir respuestas plausibles, pero comprobarlas resulta imposible. No es que la respuesta no exista, sino que la forma en que está hecho nuestro universo no nos permite explorar para encontrarla.
Finalmente, nos topamos con el límite de lo impertinente: las cuestiones en las que el método científico resulta inadecuado, fuera de lugar. Van desde las muy profundas (¿existe un dios —o diosa— creador del universo? ¿cuál es el sentido de la vida humana?) hasta las muy terrenales y cotidianas (¿cómo resolver problemas políticos, amorosos, éticos..?). En todos estos casos, la ciencia no sólo no tiene nada que decir; debe permanecer al margen del debate.
Ante estos límites, una buena comprensión de lo que es la ciencia nos obliga a tener paciencia para llegar a conocer lo que todavía no conocemos, y humildad para aceptar que hay respuestas que nunca podremos conocer. Pero también a ser lo suficientemente inteligentes para reconocer que hay preguntas que tendremos que responder, sólo que sin su ayuda.’
Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mxa

Martín Bonfil Olivera
Divulgación científica - Mg Juan Veliz Flores

jueves, 8 de enero de 2015

BIENVENIDOS A TODOS USTEDES



Este blog está dedicado íntegramente a la divulgación científica y el análisis filosófico de diversos aspectos de la realidad.

Este espacio no solo está dirigido a un público experto, sino también a quienes  recién se inician en el mundo de la ciencias, o en muchos casos a quienes llegan a este sitio por accidente.

Sabemos que el uso de palabras (categorías) de forma muy didáctica en algunas ocasiones llega a distorsionar su real significado, es por ello que nuestra labor es de ser cuidadosos con el uso y la connotación en diversos ámbitos temáticos y espacios en las cuales se usa.

Por todo lo expuesto es que no pretendemos hablar en “difícil” haciendo no entendible nuestra divulgación a las grandes mayorías, hacemos mucha diferencia entre difundir que es repetir lo que se lee tal como se entendió y divulgar que es hacer entendible lo complejo.


En esencia nuestro objetivo es transmitir explicaciones de temas que muchas veces están en apariencia muy alejados de nuestra realidad pero con una adecuada didáctica se pueden hacer comprensible .

No pretendemos ser un espacio donde tengamos y mucho menos fabriquemos la verdad absoluta de todas las cosas que escribamos.

¡Vayamos al futuro con más claridad!

Atentamente

Juan veliz flores –Administrador principal